La tortura de los niños muertos

Seción Zeta

Había terminado de escribir el artículo del martes cuando cayó en mis manos, por casualidad, las declaraciones del Cardenal Prefecto de la Congregación por el Culto Divino y la Disciplina de tuoiTre-image01los Sacramentos, Antonio Cañizares, quien consideró que “no es comparable” el caso de los abusos a menores en escuelas católicas irlandesas entre los años 50 y 80 con el aborto, porque el primero afecta a “unos cuantos colegios” y el segundo supone que “más de 40 millones de seres humanos se han destruido legalmente”.

Al poco rato comencé a tener arcadas y terminé vomitando. Fui a urgencias y le conté el problema a mi médico. Me aclaró que durante esa jornada se habían dado ya varios casos parecidos y sin más me preguntó: ¿Tú no habrás leído también las últimas declaraciones de Cañizares? Me quedé perplejo, Sí, respondí, sin saber muy bien a qué venía todo ello. Me lo explicó: la lectura de ciertas estupideces puede crear un problema de agotamiento síquico que deviene en una complicación somática. Además de vómitos puede producir diarreas y urticaria. Me mandó una dosis diaria de Primperán en cada comida y, sobre todo, que no volviera a leer nada de semejantes características. Me hizo la receta y salí de allí con el firme propósito de no meterme ese tipo de porquerías por los ojos.

20071204163049-jaime-mayor-orejaPoco me duró el efecto del relajante muscular.  Sin saber cómo me encontré leyendo el siguiente titular: El primer candidato del PP al Parlamento Europeo, Jaime Mayor Oreja, ha defendido al cardenal Cañizares porque, a su juicio, lo que dijo el cardenal es lo “exacto” y lo único que hizo fue establecer “una cierta ordenación, dentro de la aberración de ambas cosas”. Otra vez se me volvió a joder el estómago y comenzó a salirme ronchas por todo el cuerpo. Localicé al médico y le comenté lo de la recaída. ¿Leíste alguna nueva estupidez?, me preguntó. Sí, dije en una especie de balbuceo.  ¡Pues claro!, dijo a secas y me mandó Diprogenta para la erupción. Y sin más me colgó el teléfono.

Asustado, guardé los periódicos que aún no había leído y me fui a la cama.

NOTA 1: El llanto de las víctimas.*1

“Un día estaba jugando al baloncesto y el hermano X me dijo que tenía unos caramelos para mí en su habitación (…). Fui allí y él apareció desnudo y me dijo que me quitara la ropa. Me frotó aceite y me penetró. Otro día fue sexo oral y todo eso. No me gusta hablar de ello”,

“El hermano me solía hacer caricias y se masturbaba encima de mí, sobre todo cuando le estaba ayudando en la cocina, en una habitación trasera, cuando no nos veía nadie”.

“Me llevaron a la enfermería (…) Me ataron a la cama, eran como animales (…) Me penetraron y yo estaba sangrando”.

“Un hermano miraba mientras el otro abusaba de mí y luego se turnaban. Siempre acababa con una gran paliza. Cuando se lo dije al sacerdote en confesión me dijo que yo era un mentiroso. Nunca volvió a hablar de eso”.

“Yo gritaba y me hacía un daño terrible. Lo había hecho antes en la cama y me hizo sangrar. Podía ocurrir una vez a la semana y luego no venir durante un mes. Duró todos los años que estuve allí”,

“El hermano X vino y me sacó de la cama y me llevó a su habitación, puso la radio a todo volumen y dijo ‘quítate el pijama, puedes gritar lo que quieras, pequeño bastardo’. Se masturbó con su mano izquierda mientras me golpeaba con su correa y luego me dio una patada con la bota, la única ropa que llevaba”,

“Era un hombre muy malo, muy sucio. Solía cerrar la puerta con candado y me decía que me quitara la ropa. Me tocaba, me hacía tocarle y me pegaba para que no dijera nada. Me hacía mucho daño y me forzaba. Cuando al día siguiente ibas a la escuela te preguntabas a quién le tocaría el turno ese día”.

“Para mí fue como si me llevaran a la cárcel. Era una injusticia tan grande… Pero a nadie le importaba. Luego supe que todo se debía a que las órdenes religiosas que regentaban las escuelas industriales iban cada lunes a los tribunales para conseguir nuevos niños porque el Estado les pagaba según el número de alumnos”.

“Hoy puede parecer extraño que me hicieran eso. Pero el poder de las órdenes religiosas era tan grande que el Gobierno no se atrevía a intervenir. Si un niño moría en un instituto no estaban obligados 445089_3-1a informar a la policía para que investigara. Como dentro había una Iglesia, se consideraba tierra consagrada que no se podía corromper. Yo estaba traumatizado en Artane. No estaba acostumbrado a una escuela con 850 niños, enorme, un viejo castillo oscuro y muy frío, un lugar muy hostil. Sentía un vacío absoluto. Nunca te veían como a un niño pequeño. Te enfrentabas a todo tipo de castigos corporales. Te golpeaban en las manos o en el trasero, te retorcían el cuello, había todo tipo de castigos. Te pegaban con cualquier cosa. Lo hacían para que te conformaras”.

“Aquellos enormes dormitorios con 250 niños tenían una habitación de castigo y se oían los gritos de los niños llorando de horror y dolor. Los gritos se extendían por todo el dormitorio y eran otra forma de meternos el miedo en el cuerpo. Y abusaban sexualmente de los niños, les degradaban sexualmente enfrente de los otros niños. De mí también abusaron sexualmente. Oh, sí. Yo era una persona fuerte. Aún lo soy. Y a la gente con carácter siempre la llevaban a la habitación de castigo y ahí dos o tres hermanos hacían lo que querían contigo, para satisfacer sus costumbres más sucias. Cuando eres un niño no comprendes los abusos sexuales. No sabes lo que es el sexo. Pero en el fondo del corazón sabías que era algo malo. Hay cosas que no comprendes pero sabes que son algo terrible”.

“Muchos niños estaban como muertos. En realidad nunca tuvieron vida. Fueron, fuimos todos, destruidos allí. Sin nadie que les cuidara, que les enseñara qué hacer, cómo coger un autobús, pagar un alquiler o preparar la comida. Cómo vivir”.

“Nunca hablabas con los demás de lo que te pasaba. Tenías miedo de que viniera el hermano y tú fueras el siguiente. Una vez se lo mencioné a un sacerdote muy joven que estaba en su primer destino. Se quedó sorprendido y en su inocencia les preguntó qué pasaba. Le trasladaron y ese día me pegaron hasta dejarme inconsciente. Estuve seis semanas en el hospital”.

NOTA 2: ¡¡No jodas, Cañizares!!

NOTA 3: ¿Por qué estos dos, Cañizares y Oreja, dicen tonterías tan repugnantes? Será que…

*1 Sacado del informe elaborado por la “Comisión de investigación” creada en Irlanda para esclarecer los abusos físicos y sexuales. La Comisión está encabezada por el juez Ryan.

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6 comentarios

Archivado bajo Lugares de la isla, Opinión

6 Respuestas a “La tortura de los niños muertos

  1. Me ha pasado lo mismo que te dijo el doctor, casi vomito.

  2. Barbara

    No pude terminar de leer, me niego a enfermar más, de tristeza, de angustia, de coraje… Excelente el artículo, detestables las acciones y peor aun saber que justo ahora siguen cometiéndose tales crímenes.

  3. Pingback: Poema de un lector sobre los abusos sexuales « La Isla Tuerta

  4. Andrea

    Podría alguien dfecirme en qué parte del evengelio aparece aquello de (cito de memoria) “el que escandalice a un niño más le vale que le cuelguen una rueda de molino al cuello y lo tieren al amar”
    Me gustó mucho el artículo, aunque un poco duro

  5. Si te digo la verdad yo del evangelio se muy poco.

  6. Plinio el viejo

    Miré en intertet y encontré estas tres citas. ¿Te sirven?
    De nada.
    Mateo 18:6-7
    “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar.
    Marcos 9:42
    “Cualquiera que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le fuera si se le atase una piedra de molino al cuello, y se le arrojase en el mar.”

    Lucas 17:1-2
    “Dijo Jesús a sus discípulos: Imposible es que no vengan tropiezos; mas ¡ay de aquel por quien vienen! Mejor le fuera que se le atase al cuello una piedra de molino y se le arrojase al mar, que hacer tropezar a uno de estos pequeñitos.”

    Esta es otra tradución más clara.
    Mateo 18, 6
    – Pero al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgasen al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y lo hundieran en el fondo del mar.

    Marcos 9, 42
    – Y al que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino, de las que mueve un asno, y fuera arrojado al mar.

    Lucas 17, 1-3
    – Es imposible que no vengan escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino y que le arrojaran al mar, que escandalizar a uno de esos pequeños: andaos con cuidado.

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